Si bien la incineración de residuos se contempla como la penúltima de las opciones en la jerarquía de su gestión, cuando debe ser aplicada, no está todo perdido. Y es que el producto de tal proceso, las llamadas bottom ashes o escorias de incineración, contienen valiosos elementos que pueden ser recuperados como el aluminio, pero también hay otros.

Por un lado, los áridos, materiales inertes como vidrio, cerámica, tierra, rocas, piedras, etc; que, aunque pasen por un proceso de combustión, no se queman. A tales elementos se les aplica un tratamiento previo de maduración con el fin de estabilizarlos. Posteriormente, se emplean como áridos reciclados con usos específicos muy concretos y regulados, en España, por las distintas Comunidades Autónomas. Entre sus aplicaciones, pueden encontrarse la construcción de carreteras u obras. Por otro lado, entre las escorias de incineración pueden hallarse, también, metales tanto férricos como no férricos, cuya separación resulta un proceso mucho más sencillo que en el caso de los áridos. Una vez recogidos, se reciclan normalmente, lo que computa dentro de los objetivos europeos de reciclado.

Las escorias representan un 20% de los residuos que llegan a la instalación de valorización energética. Sin embargo, este porcentaje varía dependiendo de la planta, ya que pueden haber estado sometidas a un pretratamiento o no; es decir, si han eliminado o intentado sacar los metales antes o después. Pero, normalmente, de este 20% más o menos, entre el 10% y el 20% son metales.

Cuando hablamos de escorias de incineración, algunas plantas realizan la gestión, la separación y la maduración del árido para, posteriormente, llevar a reciclaje los metales y hacer uso de los áridos reciclados. De otras instalaciones, pero, las escorias se derivan a terceras empresas que se encargan de tal gestión, por ejemplo, compañías públicas o de obra civil. Además, existen organismos que las recogen de varias instalaciones y de otros sectores para emplearlas en otros tipos de actividades.

De este modo, el tratamiento de las escorias de incineración permite recuperar todo tipo de metales, desde hierros de pequeñas obras hasta cobre o aluminio, que van al cauce ordinario de reciclaje. Incluso el aluminio de envases que no se han depositado en el contenedor amarillo y acaban erróneamente en el contenedor de restos, puede ser recuperado mediante tal proceso. Sin embargo, cierto es que algunas instalaciones realizan una separación inicial para poder recuperar aquellos residuos que no han sido separados correctamente en origen.

La cantidad de aluminio, por ejemplo, que se obtiene de las escorias de incineración depende del tratamiento que se les aplica y es muy diversa, aunque computan dentro de los objetivos de reciclado. Y es que los procesos de combustión no deterioran el aluminio, excepto en sus formatos más finos, como el papel de aluminio, que se quema y, por lo tanto, desaparece.

Sin embargo, no hay que confundir las escorias de incineradora o, en inglés, bottom ashes, de las cenizas de incineradora o flying ashes. Las primeras equivalen a aquellos inertes y metales que hay en los residuos que no se queman, pero que están en la zona de combustión y son sometidos a una temperatura de unos 1000ºC y de donde se recuperan los materiales citados anteriormente.

Por su parte, en las cenizas se hallan los metales pesados que se encuentran en los residuos y que se concentran para que no vayan a la atmósfera. Para ello, es necesario aplicarles un tratamiento muy específico, pues las plantas de valorización energética concentran los contaminantes, ni los crea ni los destruye. Actualmente, tras ser almacenadas en un silo-estanco, las cenizas son recogidas y trasladadas en camiones cisterna a un gestor autorizado para su inertización, o bien son intertizadas en instalaciones específicas de las plantas. Mediante un proceso de fijación y estabilización físico-químico, las cenizas son transformadas en un residuo admisible en un vertedero de inertizados.

En cuanto a la legislación que afecta a las plantas de recuperación energética, las normas vienen determinadas a nivel europeo.  Las instalaciones deben cumplir la normativa ambiental derivada de la Directiva 2000/7 e implementar sistemas de control de la combustión, así como controles y vigilancia ambientales. Por otro lado, en materia de gestión de residuos urbanos, desde el año 2008, la Unión Europea se rige por la Directiva 2008/98/CE del Parlamento Europeo y del Consejo, del 19 de noviembre de 2008, también denominada Directiva Marco de Residuos (DMR). Y si bien la DMR ha sido recientemente modificada por la Directiva UE 2018/851. Si bien esta Directiva introduce algunas modificaciones, la prioridad de la valorización energética frente a la eliminación de los residuos se mantiene vigente.

En este sentido, en la DMR se establecen una serie de objetivos para fomentar la preparación para la reutilización, el reciclaje y la valorización. En concreto, para los residuos municipales, las cantidades destinadas a la preparación para la reutilización y el reciclaje deberán alcanzar, en conjunto y como mínimo, el 65% en peso antes de 2035 y, por otro lado, se deberá reducir al 10% en peso la cantidad de aquellos que acaban en los vertederos.

Los residuos urbanos que no se pueden reciclar llegan a las plantas de valorización energética y se descargan en un foso. Posteriormente, un puente grúa los mezcla y los introduce en las llamadas tolvas de alimentación. Cuando llegan a tal sección, los residuos se combustionan a unos 1000 ºC y los gases procedentes del horno circulan a través de la caldera, que produce vapor. Finalmente, éste se convierte en energía eléctrica en un turbogrupo. La energía generada en las plantas de valorización se suministra a la red eléctrica de las ciudades. Además, cabe destacar que la energía producida por estas instalaciones contribuye a la protección del clima y la seguridad del abastecimiento energético, mediante la sustitución de los combustibles fósiles que se utilizan para producir esta energía. Por otro lado, la electricidad producida es renovable en un 50% debido al origen biogénico de los residuos.

De este modo, los elementos que produce una planta de valorización energética de residuos pueden clasificarse en tres categorías: escorias, chatarras y cenizas, además de energía. Las escorias inertes están clasificadas como residuos no peligrosos y se reutilizan como material árido en obra civil y pública. Las chatarras, por su parte, se valorizan en empresas de recuperación de metales. Y, por último, las cenizas volantes, derivadas del proceso de combustión y por los residuos del tratamiento seguido en la depuración de gases, se clasifican como residuos peligrosos y siguen un proceso de inertización.

Planta de esccorias